lunes, febrero 19

Claroscuro




No entiendo el idioma de tu desierto


ni su húmeda esperanza.


Si no te nombré es porque seguí al céfiro


hasta desfragmentarlo y oir sus blasfemias.






Tanto ahuyentar a los lobos


me he convertido en una risa dislocada,


el claroscuro de mis ojos será habitado


por antinfaces desarmados.






Sonámbula, esperas que desaten tus inexpugnables nudos.


Adicta a danzar en lagrimas...


aguardas a la muerte para fornicar con ella.






Caricias fugaces en el cuerpo de la ninfa


trazan lineas imaginarias


hacía el remolino, hacía el cántaro


hasta abrir caminos y ser transparente.






Aquel árbol en el camino


tan adormecido, tan eterno


es el dios sin verbo que atraviesa las flores.


A veces en el tiempo, el frio me hace resucitar


y obstinadamente planto sueños


y despierto en ramas.


Todo ha sido exacto y preciso
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