miércoles, septiembre 16

Tinnitus V: Esta no es mi vida. From a Basement on the Hill – Elliott Smith

Publicado originalmente en Periódico Los tiempos

En lo alto de la colina hay una casa y dentro de ella hay un sótano, podrías disfrutar de la vista del paisaje pero eliges quedarte en lo subterráneo. Elliott Smith debió sentirse así en los últimos meses de su vida. Repasemos, una carrera musical en meteórico ascenso, aparición y nominación en los Oscars de 1998 —donde finalmente acabaría perdiendo frente  a Celine Dion— discos imprescindibles y aclamación de la crítica. Nada importa en la oscuridad. Acabaría suicidándose —en un nebuloso episodio conyugal— con dos puñaladas en el pecho.

From a Basement on the Hill tiene el morbo de ser un disco póstumo y  por lo tanto queda la susceptibilidad acerca de si el resultado es fiel reflejo de lo que Smith hubiera querido. O no. Se puede considerar demasiada intromisión al legado de un tipo, en cuyos discos había ejercido un control total. En una primera instancia la idea era que éste fuera un álbum doble; pero  dados los sucesos inesperados, las canciones no estaban finalizadas del todo, muchas quedaron en esbozos instrumentales y otras necesitaban un último giro. Entonces lo que tenemos a nuestro alcance es un pastiche. Un Frankenstein sonoro. Sin orden ni rumbo.

Cargado con más guitarras eléctricas que sus antecesores, el disco contiene un giro hacia el ruido y reminiscencias al rock de los 70’s, con los estallidos vibrantes en "Shooting Star" —cuyo inicio guarda cierto parecido con "Purple Haze" de Hendrix—  o en el solo final de guitarra tamizado por el overdrive en "A Passing Feeling". En los versos finales de la canción Smith parece resumir la sensación general de sus días “Tardó mucho tiempo en pararse / Solo una hora para caer”. Las guitarras pasadas al revés en "Little One" logran darle un escenario a la voz de Elliott, que a estas alturas parece cansada y exánime.  Incluso la cristalina  "Memory Lane" encierra en su interior cierta toxicidad que se  impregna en cada arpegio de la acústica: batallas perdidas, soledad y adicciones sin solución.

Pese a todo ese limbo de incertidumbre y disonancia, From a Basement on the Hill consigue ser un disco increíble, tal vez debido justamente a esos factores que le dan un halo de urgencia y espontaneidad, el contraste ideal para toda la melancolía que Smith acostumbraba a presentar en anteriores trabajos.

Al igual que en otros casos —Drake, Cobain o Cornell por citar algunos de la extensa lista— siempre se buscarán los mensajes premonitorios en cada canción, en cada gesto. La fascinación por lo inevitable ha convertido al público en un fanático de la misma. Nunca se tiene lo suficiente y cada cierto tiempo se va encontrando lo que se buscaba, el intérprete de algo a lo que todavía nos consideramos incapaces, el salto al vacío con los ojos abiertos. Bienvenido al subterráneo. 

martes, junio 23

Tinnitus IV: Muriendo como forma de existencia. Sobre Tiempo, poesía y falta de Fernando van de Wyngard, Soledad Quiroga y Mónica Velásquez.

Publicado originalmente en Periódico Los tiempos
Un manual para viajar en el tiempo, un libro de conjuros o un laberinto circular que al volver a pasar por el mismo punto ya no se es igual. Cada vuelta es distinta.

Es la poesía, o la obra artística, la que logra esa apertura, una herida, algo que interrumpe el curso normal de las cosas. Como un feriado, un estado de excepción temporal de la trayectoria corriente de los días. ¿Qué ocurre cuando esa excepción se hace continua? ¿No es eso la cuarentena? Un feriado largo e interminable, que trae “el infierno de lo igual, un tiempo sin acontecimiento o destino”.

¿Qué hacer ante eso? amar la suerte, apropiarse del tiempo. Estar consciente de la desaparición para así obtener gozo. Nada fácil.

El ser humano es tan efímero que hasta un río fluyendo segundo a segundo es más eterno. Quedará entonces crear otras realidades, asistir a ello desde la obra artística.  Acceder a ese “lado oscuro”. La línea deja de ser recta y continua. Varios sucesos acaeciendo en un mismo instante, destruyendo el tiempo “que deja de ser horizontal para ser vertical”,  la ligazón de pasado y porvenir, reducidos a un instante.

Algo de esto se plantea haber encontrado en los textos de José Gorostiza y Blanca Wiethüchter, situar paralelismos entre ambos es parecido a un fantasma frente al espejo ¿quién es imagen y quién reflejo? El primero hablando de la codependencia entre creador y criatura. La necesidad mutua, del uno para contener y el otro para ser contenido;  a partir de allí, la criatura podrá mostrarse permitiéndose nombrar las cosas a su alrededor pero también eso le  conllevará a tener una finitud. Surgirá un instante —solo eso— para que el creador se llame a silencio, regrese al origen y la criatura se resigne a su duración. En ese doble movimiento es donde nace lo latente, una abertura en el tiempo.

En el caso de Wiethüchter, una fisura del presente —producto de una herida no sanada en este país, la colonia—se convierte en una suerte de pregunta que no puede ser aprehendida aún; pero ojo, esto no debe ser tomado con melancolía, sino como una posibilidad de sobrevivir a un futuro posible. Una balsa en medio del océano, que se la puede abordar por el trabajo en la palabra, creando un agujero en el tiempo, de parte a parte, para salir de este escenario y entrar en otro. Un viaje interminable, pero sin duda más interesante, salir de donde estamos, para que el infierno deje de ser eterno.

Tiempo y poesía (Ed. El cuervo, 2020) escrito a tres manos por Fernando van de Wyngard, Soledad Quiroga y Mónica Velásquez.

martes, mayo 26

Tinnitus III: Tristeza não tem fim

Publicado originalmente en periódico Los Tiempos


La imposibilidad de las cosas. Cuando se está en el desierto se piensa en el mar;  y cuando está encerrado en casa solo se piensa en salir y caminar por las calles. Nunca se tiene lo que se quiere. Todas esas contradicciones parecen haber sido conjuradas bajo un ritmo musical, ese que nació en Brasil y se lo conoce como bossa nova. Y es que todo lo que venga de tierras cariocas inevitablemente estará arraigado al sol, alegría y felicidad por doquier; pero ahí es cuando se trama la emboscada musical, los sonidos no expresan ese estado de ánimo exultante; todo lo contrario,  se tiene una sensación cercana al final de fiesta, o peor aún, al recuerdo borroso e indulgente de la misma donde todo parecía posible y certero. 

Esto se refleja en esa especie de contradicción compartida en dos discos indispensables del género, Getz/Gilberto (1964) y The Astrud Gilberto Album (1965) cuyos protagonistas casi son los mismos: el saxo de Stan Getz, los arreglos de Tom Jobim,  la guitarra y voces de Astrud y João Gilberto. Resulta interesante el lapso de tiempo transcurrido entre ambos trabajos: tan solo un año.

En el primero la batuta la lleva la guitarra y la voz de Gilberto, escuchar este disco es como estar en invierno, ver caer la nieve y sentir nostalgia por el verano. La voz de João es dulce y cálida, pero los temas tienen una melancolía en su interior que hacen imposible no sentirse atraído hacia su abismo. “Ah, por que estou tão sozinho? / Ah, por que tudo é tão triste?” Para contrarrestar este aspecto está la voz de Astrud —en ese entonces su esposa— más fría y neutra, como si tuviera miedo a pronunciar las palabras; pero cuya participación fortuita fue clave para The Girl from Ipanema y Corcovado. Esas canciones no serían las mismas sin su participación.

Tras separarse de su esposo además de un romance con Stan Getz, Astrud publica su debut con esa voz gélida como un témpano, sería su marca distintiva y rasgo esencial para el contraste con la instrumentación cortesía de Antonio Carlos Jobim y Marty Paich.  Este es el disco para oír en un atardecer en las playas de Ipanema y pensar que los buenos tiempos son estos y no otros. No hay nieve, solo mar y palmeras, pero el abismo que hacía referencia João también está aquí, aunque de forma velada. Es inevitable percibirlo.

Ambos discos comparten un tema en común,  titulado Dreamer en el caso de Astrud, donde la canción es abordada desde la esperanza de ser correspondida por ese alguien en quien se sueña; mientras que João —que coloca el tema al final del disco— lo titula Vivo Sonhando y es la versión más fatalista, la letra habla sobre un amor no retribuido, un callejón sin salida donde nos congelamos todos.

Cada uno de los implicados en estos discos acabarán por grabar más canciones, darle vueltas al mundo con sus conciertos; pero lo que lograron conjurar en estos dos iniciales trabajos no podrá ser superado a cabalidad. Ellos también quedaron atrapados en alguna ciudad con temperaturas bajas añorando alguna lejana playa del Brasil. Cosas de la tristeza.







viernes, abril 10

Tinnitus II: Dolor Fantasma. Lucía Berlín y el jazz



Publicado originalmente en periódico Los Tiempos


El encierro es fatal. Es invierno y no se puede salir a las calles por lo bajas que son las temperaturas en Nueva York.  Lucía Berlín está intentando escribir algún texto con los guantes puestos mientras sus hijos duermen enfundados en sus orejeras. Nada sale bien, nada funciona correctamente; pero ella —fanática de la música, sobre todo del jazz—  solo atina a poner otra vez un long play en el tocadiscos: Miles Davis & John Coltrane ‎– Live In Stockholm.

Es 1960 y Miles Davis emprenderá una gira por Europa, llama a su colega John Coltrane para que se haga cargo nuevamente del saxo tenor. Se admiran y sienten respeto por el otro, pero la relación entre ambos empieza a tener fisuras. Coltrane —que anteriormente había colaborado en esa piedra angular del jazz llamada Kind of Blue— está reticente a embarcarse en esta aventura. Siente que tiene que hacer su camino y que tiene el suficiente talento para hacerlo. Quiere dejar el nido, pero no lo dejan. Entonces decide quedarse en sus propios términos: prendiéndose fuego a más no poder.

Lucía Berlín tuvo muchas vidas en una sola: profesora de convictos, mujer de limpieza, enfermera en Urgencias o alcohólica empedernida;  todo ello tamizado por el hábito de la escritura. Como si toda su experiencia estuviera al servicio de la narrativa, volviéndose difuso el límite entre lo real y lo que es ficción. ¿Importa que haya un límite? No, no importa, las líneas son cada vez más segmentadas y fáciles de traspasar de un bando a otro. Ya no se sabe si se está viviendo o se está narrando. Se improvisa, se conoce gente que se perderá en el camino. Lo importante es no perder la chispa. Sus relatos tienen un dejo de  contemplación que rayan en el duelo, pero también en el orgullo de haberlo vivido en esa forma.   

Los conciertos no salieron del todo bien.  O tal vez sí.  Hay belleza en la destrucción. Las canciones comienzan con todos guardando las apariencias; luego batería y bajo manteniendo  el ritmo mientras Miles  —más calmo en su rol de líder— toca lo preciso, respetando los silencios,  logrando situarse a  galaxias de la audiencia. Los aplausos no se hacen esperar. Luego es el turno de Coltrane, que está encadenando lo que pueda soplar, se le escapan las notas por los labios, está cada vez más exacerbado llegando a la disonancia de su saxo, yendo y viniendo. Como un vicio incontrolable.  Trazando escaleras al cielo que tardan más en desaparecer que en imaginarlas. Repite y repite una misma nota: entra en combustión, se hace inentendible pero también arriesgado. Sus compañeros de banda agachan la cabeza porque no pueden entenderlo. Solo Miles en la oscuridad, entiende que Coltrane ha encontrado un camino que ni él podría trazar en cientos de conciertos. El público se remite a murmurar.

Lucía está bebiendo una vez más, se ha vuelto algo compulsivo, —como los solos de Coltrane, chirriantes hasta el éxtasis— le tiemblan las manos y sabe que si no se procura otra botella de alcohol, el delirium tremens arrasará con ella. En las horas más bajas solo quedará escribir acerca de las mismas para saber de lo que está hecho el peligro. Años más tarde, dentro de un centro de rehabilitación, aprovechará un descuido de los guardias y pensará “necesito irme de aquí”. John Coltrane nunca más volvió a tocar con Miles Davis,  él también deseaba escapar.  

miércoles, marzo 11

Tinnitus I: Sweet Oblivion – Screaming Trees


Publicado originalmente en Periódico Los Tiempos

Olvidar es fácil.

Un disco prescindible, de esos que no es mencionado en los especiales de la década de los 90’s y mucho menos en las fiestas retro. ¿Quiénes son los Screaming Trees? ¿Quién es Mark Lanegan? Seguramente en el panteón del rock, les pondrían el cartelito de NN colgado en los dedos de los pies y sobre Lanegan, habrá que decir que fue amigo íntimo de Cobain, con quien grabó un par de covers de Leadbelly. ¿Suena familiar? Una de las canciones que tocaron en esas sesiones fue “Where did you sleep last night?” mucho antes que la versión acústica que sale en  Unplugged in New York.

La indiferencia con Screaming Trees básicamente  se debe a que no eran grunge del todo, tenían una marcada influencia piscódelica de grupos como The Doors o los Byrds —aunque sonaban más electrificados que los primeros y mucho más pendencieros que los segundos— volatilizados por texturas graves y endemoniadas que hacían de su música un híbrido que nunca encajó del todo en la escena de Seattle.

Después de lanzar interesantes álbumes en clave lo-fi —dar una oída atenta a Even if and especially when— pero sin mucha suerte, decidieron tomar dos decisiones importantes: reemplazar a su baterista y  trabajar con Don Fleming en la producción que logró un trabajo más limpio y preciso consiguiendo que Sweet Oblivion sea la confirmación del trabajo que venía haciendo la banda.

Todos los trucos están en este álbum: el inicio con una batería tribal y la guitarra de tonos orientales, la  voz arenosa destilada en vino de Mark Lanegan, hablando del olvido que se necesita frente a los tiempos adversos. También hay lugar para lo único parecido a un hit de la banda, “Nearly lost you” —banda sonora en Singles de Cameron Crowe— con su coro pegadizo de fórmula radial, así como la acústica “Dollar Bill”, deudora en la melodía a “You Can't Always Get What You Want” de los Stones.

Habrá tiempo para la psicodelia con panderetas, baterías galopantes, solos de guitarra pasados al revés y coros que suenan como si estuvieran bajo el agua en “Butterfly”, “Winter Song” y “For Celebrations Past”, que no caen en el saco de ser una simple reminiscencia al flower power, dado que los pedales de alta distorsión de Gary Lee Corner dotan a las canciones de suciedad y pesadez. Punto aparte para las letras de Lanegan, que siempre están hablando de situaciones al límite, vicios, fracasos y un futuro desesperanzador como en “Troubled Times”.

La agresividad viene en “Secret Kind” y “Julie Paradise” con un riff de garage desprolijo y atronador, digno de su año: acaso el último para sentirse realmente joven y vivo: mil novecientos noventa y dos. La letra en total correspondencia afirma “Lying in the quiet darkness, getting high alone”, o el equivalente a un epitafio decente para aquellos enterrados en la fosa común del rock.


jueves, junio 27

Kerouac entrevistado



Se ponía tan nervioso cuando iba a los estudios de televisión, que tenía que tomar un par de tragos para aparentar sociabilidad y gracia al responder las preguntas del entrevistador. Sobrio no podía articular algo ingenioso, tal vez un monosílabo impertinente o un chiste interno que nadie de la audiencia entendería.

Entonces beber se convirtió en una forma de lograr comunicarse con el otro; entenderlo, aceptarlo y sobre todo tolerarlo. Claro que a veces una copa se convertía en cinco o tal vez en más y todo intento por quedar bien frente a la gente se iba por la borda; otro era el espectáculo. 

Al cabo de un tiempo dejo de dar entrevistas y de hablar con todos aquellos que querían conocerlo ¿para qué? ¿con qué sentido entablar un diálogo? Las mismas frases, los mismos gestos. No, no, ya basta de eso, basta de agradar; lo mejor es encerrarse y escribir (si se puede) y beber. Beber mucho porque todo se ha salido de control y lo único que se puede hacer es prender la radio con esos dedos temblorosos que hacen girar la perilla del on/off. Que el piano haga lo que debe hacer, fluir delicadamente mientras la batería sirve para que un pie se balancee lentamente: un dos, un dos; un saxo flotando por encima de todo como símbolo de ese caos que no se puede controlar y por lo tanto se debe contemplar y a veces admirar.

Cerrar los ojos y dejar que todo suceda.

Adiós Jack.  

lunes, julio 30

Cementerio Club #7 (Bad Trip)






La psicodelia, fenómeno artístico y sobre todo musical, entendido como un viaje en dos direcciones,  una hacia el infinito y el cosmos, atravesando planetas y galaxias; y la otra hacia uno mismo en el acto de conocerse, saberse y en algunos casos sanarse ¿Y qué sucede cuando este viaje armonioso de despersonalización del yo y de comprensión de las cosas más simples, falla catastróficamente? Solo queda la música, iniciador del viaje y motivador del mismo. A veces ni eso. Solo silencio y  contar minutos mientras se trepa paredes y el reflejo del espejo muestra un rostro que se desgaja de a pedazos. Paciencia. Todo viaje llega a su fin y éste, afortunadamente también.


El Trenzado

The Beatles
She said she said  

Cuenta la leyenda que John escribió esta canción en el hastío que obtuvo tras oír a Peter Fonda hablando una y otra vez sobre una experiencia cercana a la muerte. Al final Lennon terminó echando a su amigo de la fiesta, pero se le quedó una frase dándole vueltas en la cabeza "I know what it's like to be dead" (Yo sé lo que es estar muerto) y a partir de ese encabezado nació la canción. Destaca la guitarra al frente, irregular, a medio deshacerse que da vueltas por toda la habitación ¿Y Ringo? Revolver es su disco.


The Velvet Underground

Lady Godiva's Operation

Es entendible el nulo apoyo que tuvo la Velvet en sus inicios, con un ritmo monótono, un violín chirriante y abordando temáticas tabú, no iban a lograr ser populares instantáneamente; pero de alguna forma sus discos y sobre todo su sonido ha logrado abrirse paso en el curso de la música, y es más, ha servido de influencia fundamental para nuevas bandas y géneros. Lady Godiva's Operation susurrada alternadamente por Reed y Cale viene a ser una alegoría a la lobotomía, usando como excusa la historia de la dama que se paseó desnuda por las calles de Coventry para conseguir favores para su pueblo. Desquicio.


Jefferson Airplane  

Wild Tyme 


Siguiendo en la línea de la Velvet, hay algo chirriante en los Airplane, demasiado afilado en las guitarras contrastando con la voz de Grace Slick, más grave. La canción se inicia con una frase demoledora que no da lugar a confusiones It's a wild time, I see people all around me changing faces la representación más plausible de un mal viaje en esta playlist.


The Beach Boys

Let Him Run Wild 
Cabin Essence 


Hay que mencionar que entre estas dos canciones hay un álbum que las separa: el  fantástico Pet Sounds; pero la idea de esta playlist era la de lograr demostrar un antes y después de ese álbum donde la creatividad de Brian Wilson brilló en todo su esplendor.  En Let Him Run Wild  ya hay indicios de ese buen manejo de las armonías vocales y ese aire tristón, que será esencial para lo que se vendrá meses después. En cambio en Cabin Essence la historia es otra, se puede apreciar los devaneos de Brian, con los coros haciendo doin doin doin y ese piano de cabaret que está caminando el fino trazo de la cordura y luego el ascenso en espiral de las voces, como si los ángeles hubieran probado coca en lugar de sal. Auge y caída de Brian. Nota extra: Ver repetidas veces la película Love and Mercy, la biopic del cerebro de los chicos playeros donde Paul Dano se luce totalmente. 
  
Party is over


Deerhunter

Sailing
Basement Scene

Los Deerhunter son en sí una banda de bad trip, todas sus canciones tienen ese aire psicodélico de fin de fiesta, esa sensación de transmitir que las cosas no van del todo bien. Un rasgueo sin fuerzas, lánguido es el fondo en el que naufraga Sailing. Sólo miedo.

The Stooges
Fun House 

Otra canción de fin de fiesta, de alguien que se niega a aceptarlo. El saxo drogón con el que se inicia esta canción, es calle de noche y sin luminarias, corriendo rápidamente, no se sabe si escapando o persiguiendo a alguien  Los Stooges y su corta pero conflictuada carrera, estaban en su mejor versión, aún no en la mira de Bowie, solo ellos girando en varias direcciones. "I feel alright" grita Iggy, pero el efecto de sus palabras es el opuesto. 

El espacio sideral

The Space Lady
Major Tom

The Space Lady viene a rematar el desquicio, una canción muy conocida que habla de viajes espaciales que fracasan en el intento, pasando por sintetizadores que en un tono más lúgubre aún conservan la esencia del original. El sonido de los sintetizadores, en  círculos y repetitivo a lo largo de la canción, simplemente hipnótico. Falla en el sistema.

Spiritualized 
Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space 
Come Together 

Guitarras estallantes. Este es otro viaje hacia el espacio pero aquí hay una orquestación y grandilocuencia que lo diferencia de The Space Lady, aunque también sea un periplo que va a la deriva sin rumbo fijo y sin fecha de regreso; pero el espacio viene a ser una excusa para hacer referencia al viaje interior, la mente perdida en uno de sus recovecos, imposibilitada de liberarse de sí misma. Los cables han sido quemados. Y esto da pie a...

Syd Barrett 
If It's in You 

Para The Madcap Laughs la mente de Syd ya estaba muy alejada de este planeta, canciones que solo quedaron en esbozos acústicos, imprecisión para mantener el ritmo y mucho LSD pudieron todavía rendir algunos frutos como en  If It's in You. El viaje musical del diamante loco duró muy poco pero sirvió en extenso para que sus ex colegas de banda tuvieran una fuente de inspiración y un centro sobre el cual girar toda su discografía 

The Doors
The End

Los Doors sabían de las consecuencias del abuso de las drogas, sabían que el verano del amor iba a durar poco y que tenía otro lado, uno muy oscuro y perverso dado la conciencia y naturaleza humana. Sabían de Manson, de Vietnam de mayo del 68 y de los sueños fallidos. Sabían todo eso y decidieron ahondar más. Es así que desde sus inicios ellos musicalizaban un panorama salvaje y diabólico, The End cerraba su primer disco, y también esta playlist. Esta versión en particular —recordemos que siempre sufría cambios e improvisaciones en vivo—fue realizada en el festival de isla de Wight, con un Morrison más preocupado por el veredicto en el juicio de Miami y con la banda dando sus últimos manotazos antes del fin; es curioso que en esta versión Jim haya obviado la mítica frase "Father I want to kill you, mother I want to fuck you" por un jugueteo con ritmos hindúes, quizás no quería más problemas de los que tenía siendo esta la interpretación más triste y apagada de las versiones de The End. Como debe ser. 

viernes, julio 13

Cable a tierra


El otro día en la oficina quise conectar mis parlantes al enchufe que tiene cables saliendo y entrando de él, como un ciempiés del futuro que no duerme y hace ruido. "Una parte de mí dice stop, fuiste muy lejos" sonaba en la radio cuando logré realizar el acople necesario. En ese instante vi un chispazo y sentí como mi cuerpo era arrojado hacia la pared opuesta por la descarga eléctrica. 

-Quemaste cables, los fundiste- me dijo mi jefa en el hospital- las computadoras perdieron  información, no tienen memoria de lo trabajado en la última semana. Todo esto lo vamos a descontar de tu sueldo y basta de música para vos.  

Desde ese día solo puedo ver por una fracción de segundos, como un fogonazo de claridad y luego de vuelta a la nada. No salgo de cama pero sólo puedo dormir algunas horas, sueño con estallidos de luz antes de despertar a los gritos. 

-El problema está en su cabeza, usted no deja que entre la luz a la retina- me dijo el oculista- tiene que repetirse a sí mismo "puedo ver puedo ver" y lo hará.

La retina es un sol a punto de apagarse.

De la cama al refrigerador hay 12 pasos, el whisky está en la última bandeja; el botiquín con las pastillas 15 pasos a la izquierda. Sólo me falta saber donde va el botón de play.   

jueves, mayo 3

De los diarios de Alejandra Onanian

Fotografía: Brooke Shaden


-Si me suicido no es por nadie, es porque soy una jodida genia y todavía no veo que le hayan puesto mi nombre a una escuela o por lo menos a una plaza. Nada. Tengo que pagar el pasaje de manera normal -es más, tengo que pagar 50 centavos extra si es en las noches- y nadie me cede el asiento. 
Ah y de cine, ni hablar. Lo detesto, hasta ahora no he visto que hayan hecho un película sobre mí. ¿Cuánto más debo soportar esta humillación?
-¿Usted ha publicado algo?
-No y eso es lo de menos, lo tengo todo acá, en esta cabecita maravillosa; pero nadie se da cuenta, ni siquiera el puto alcalde. ¡Denme las llaves de la ciudad aunque sea!
(...)
-¿Cuándo planea volarse los sesos?
-El día que termine de escribir mi plaquette llamada Para construir un nuevo mundo, primero hay que destruir éste que vendrá compuesto sólo de tres poemas; impresos en papel ahuesado de 150 gramos, tipo de letra Garamond, tamaño 10. Porque las grandes obras son así: breves y amarillas. ¡Bang bang!

domingo, abril 29

Apocalipsis now


Los vasos se van a estrellar pronto
contra la pared,
hablaremos del dinero que perdiste
o las cosas que has visto en tus viajes.
Incluso 
así eres y serás la que ha de venir
a salvarnos de no caer desconsolados
un sábado por la tarde en Hanói
a cuarenta grados de temperatura.