sábado, mayo 29

Se viene el Mundial


El mundial está a dos semanas, y con él horas y horas de eternos debates, apuestas, farras, análisis arbitrales y las jugadas a cámara lenta o vistas desde otro ángulo, que definan si era penal, si la bolita entró o no entró. ¡Dios gracias por el fútbol!

En vista de tan magno acontecimiento, que por un mes nos hará olvidar del cambio climático y problemas varios que aquejan al planeta, decidí que es momento de hacer un repaso de mis mundiales vividos:



Italia 90. Empecemos por el álbum de figuritas, primero y único que hicimos con mi viejo; no hay nada mejor que ir por las noches a las calles del correo e ir a canjear las "duples"; escuchar esa palabra que todos repiten, como si estuvieran en trance: "tengo, tengo, tengo" hasta que alguien abre los ojos y grita:"no la tengo" conllevando a angustiosos minutos de negociación si es que la figurita en cuestión es una de las claves "Te doy tres figuritas por la 86. Ya, ya. Que sean cinco".

De los partidos disputados en ese mundial, tengo pocos recuerdos, salvo el de la sorpresa que dio Camerún en el debut, al ganarle al flamante campeón Argentina; o la chambonada de Higuita, arquero de Colombia, que regalo el balón a su adversario por intentar hacerle una  gambeta; y el recuerdo de aquella final, aún discutida hoy en día, de la cual sólo un apellido se viene a mi memoria: Codesal.




USA 94. Creo que este fue el mundial que todos los bolivianos vivimos al máximo. El día del debut contra Alemania, decretaron feriado a partir de medio día, los micros estaban repletos porque todos querían llegar cuanto antes a sus casas ¡Que orgullo fue escuchar nuestro himno en un mundial! Lo que vino después es producto del eterno karma que tenemos los bolivianos: tras aguantar estoicamente el primer tiempo con el arco en cero, nos convierten el gol por culpa de un desacierto del arquerito –que no se había enterado que en el entretiempo regaron la cancha y que el césped se iba a poner resbaloso- y nuestra única estrella el "diablo" Etcheverry se hace expulsar al minuto de haber ingresado. Listo. Fin del sueño, pese a que nos quedaban dos partidos donde poco o nada hicimos, salvo anotar nuestro primer tanto en mundiales, cortesía de Erwin "Platini" Sanchez.

Pese a nuestra temprana eliminación, mis dos candidatos iban avanzando a paso seguro: Rumania e Italia. El primero fue eliminado en semifinales, en ardua batalla contra los suecos; y el último empezó a mostrarme esa especie de anti-fútbol: el catenaggio, dejarse pelotear todo el partido, defenderse –inteligentemente- con los dientes, para después en una rápida jugada de contragolpe, asestar el golpe mortal y a celebrar; producto de ello es que llegaron a la final, a verse las caras con nada menos que Brasil, esa maquina de taquitos y quiebres de cintura color verde amarela que nunca ha sido de mi agrado. Ya en la definición de penales, otro que se olvido de que los gringos riegan mucho el césped o producto de toda esa carga emocional -si Roberto Baggio, a vos te hablo- falló el penal y puso fin a mis tentativas de levantar la Copa por primera vez.



Francia 98. Ya para estas alturas, era un adicto al fútbol, tanto así que elaboré mi propia planilla de estadísticas donde, previo consenso con mi viejo, elegía a la figura del partido. Claro que a los astros del balompié no creo que eso les haya importado en lo más mínimo. 

Recuerdo el festejo desmesurado que hice por la victoria de Argentina frente a los ingleses, era un carnaval. Después vino la indecisión, cuando la Albiceleste se cruzó contra Holanda en cuartos de final, no supe a cual elegir. El cabezazo del "burrito" Ortega al arquero Van der Sar y su inminente expulsión, o ese gol salvador de Dennis Bergkamp, "matando" un balón aéreo para luego apuntar y romperle las redes al arquero argentino. Chau Albiceleste.

Luego de aquella victoria de la Naranja Mecánica, parecía que estaba encaminada a llegar a la final. Pero no. Esa vieja maquina de samba y jogo bonito en un vibrante partido volvió a vencerlos, esta vez por penales. ¡Ahh cómo te odio Brasil!

Por otra parte, recuerdo muy bien los ataques de crisis que sufría, cada vez que Italia jugaba: su pésimo debut con Chile, la aparición intermitente del tanque Vieri, el equipo no podía encontrar un patrón de fútbol y para colmo: el choque mortal contra el anfitrión Francia, a quien yo odiaba sin tregua. "Sólo gana porque es local" le decía cada vez a mi viejo. En ese partido fuimos eliminados y la marsellesa podría cantarse una vez más en el verde césped.

Y con unos partidos más, se dio la final entre Francia-Brasil, nada que decir de aquello, salvo el misterio que aún persiste cuando el goleador Ronaldo sufrió convulsiones, horas previas al partido; la cual, como se vería después, afecto a la moral del equipo brasilero que perdería vergonzosamente 3 a 0 con dos cabezazos fulminantes de Zinedine Zidane. Zizou para los amigos.




Corea Japón 2002. O mejor dicho, el peor de los mundiales que he visto. Empezando por sus horarios inusuales para ver un partido: Tres y cinco de la mañana. Casi no pude ver ningún partido en vivo, todos en diferido ¿Y para que? Para ver a Argentina perder contra los ingleses y luego ser eliminada en la fase de grupos -esta fue una de sus peores campañas.

Otra decepción fue ver que los coreanitos le den un baile a Italia –que en ese mundial tuvo la peculiar  distinción de ser la selección más sexy, según el público femenino. Además de tener que soportar a los alemanes llegando a la final, enfrentándose, para variar, con Brasil. Pésimo mundial. Ah, Brasil ganó y fue pentacampeón ¡oh que alegría!



Alemania 2006. Este fue el mundial donde, a mi parecer, Argentina tenía serias chances de coronarse campeón. Estaba seguro de que lo iba a lograr, tenía a Riquelme en su mejor momento y a un pibito llamado Lionel Messi que ya empezaba a dejar rivales plantados en el campo de juego ¿Qué más se podía pedir?

Todo el sueño se volvió pesadilla en cuartos de final. Alemania y argentina iban a penales. Para ese difícil momento, el arquero alemán Jens Lehmann sacó su chanchullo escondido en sus medias; donde estaba escrito a que lado patearían los jugadores argentinos. Resultado: "ese" arquerito tapó los penales que quiso y Argentina fue eliminada otra vez. Ese fue uno de los pocos días en que, al borde de las lágrimas, le di un puñetazo a la pared por la bronca que tenía; al salir al patio veo que mi dueña de casa sale de su cocina, una viejita de voz ronca que me mira y me dice apesadumbrada "no se pudo ¿no?" En ese momento nos abrazamos para encontrarle explicación al partido.

Pero la vida, y sobre todo el fútbol, tienen revancha. Esta vez Italia, a quien no le tenía mucha fe, dado su pésima actuación en el mundial anterior, fue creciendo de a poquito: arañando para clasificar a octavos, ganándole a Australia con penal dudoso y luego golear a Ucrania en Cuartos, para batirse en semifinales con Alemania, el favorito a ganar el mundial. Ese fue uno de los partidos más vibrantes de ese torneo, donde los italianos movieron astutamente sus fichas, aguantando 118 minutos de asedio alemán. Cuando los últimos minutos del alargue expiraban y todos nos alistábamos para los penales, Fabio Grosso y Alessandro Del Piero definieron el partido con dos mortales estocadas. Italia estaba en la final.

Del otro lado vino Francia que -para alegría mía esta vez- con buen fútbol de la mano de Zidane, eliminó a Brasil y a España. La final estaba servida, italianos y franceses se verían las caras. De ese último partido nadie se olvidará del, ya mítico, cabezazo de Zidane a Materazzi y su posterior expulsión; con una Francia herida de muerte por la expulsión de su figura y capitán, la definición por penales favoreció a la azurra y por fin, tras muchos años de sueños rotos, pude levantar la Copa. Sí, gané el mundial.



Sudáfrica 2010. Falta menos de un mes. Esta vez tiene que ser el turno de Argentina, ya tengo listo mi bombo y platillos " Vení, vení, canta conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano de Maradona, todos la vuelta vamos a dar"

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