viernes, octubre 21

TDK



Si se entiende la memoria como un cassette TDK de 60 minutos que se envuelve en un carrete y deja vacío otro, entonces intente (solo intente) recordar el día en que le entregaron el cassette virgen envuelto en papel celofán. Vuelva al instante en que lo sacaba de su estuche ¿Puede revivir ese instante cuando sintió la cinta en blanco pasando por primera vez por el cabezal?  Mente en blanco. Silencio. Apretó rec y comenzó a grabar ¿Qué grabó? ¿Las voces aniñadas de sus parientes hablándole? ¿A su madre advirtiéndole que no se aleje demasiado? entonces lo que se oye a continuación debe ser el sonido de sus pasos que se alejan vertiginosamente porque todo en la vida se reduce a huir o buscar (que viene a ser lo mismo, afán vano) ¿Qué sigue después? 

¿Y qué ocurrió cuando grabó en los dos lados del cassette? ¿Dónde puso los nuevos recuerdos? Ahí es cuando las cosas se ponen interesantes. Se da inicio al caótico proceso de sobregrabar una y otra vez recuerdos en su limitada memoria que no tiene una duración de 60 minutos, sino tal vez 20 o 10 a lo sumo. Entonces las voces se confunden unas con otras, y la anécdota de la primera vez que fue a una fiesta ahora queda al descubierto. No es cierto que bailó con la predilecta del curso, no es cierto que sus amigos festejaban sus bromas. Usted estaba en un rincón comiendo pipocas y antes había roto un vaso que trató de barrerlo con el pie. Empieza a darse cuenta que su pasado es una serie de collages mal hechos, torcidos a gusto y voluntad.

Con el transcurrir del tiempo también se habrá dado cuenta que la calidad de las grabaciones va disminuyendo. El cassette está empezando a grabar en un volumen bajo y además ha empezado a surgir otro inconveniente: la cinta ha comenzado a llenarse de ruido blanco. Voces distorsionadas y ruido. Al final solo quedará este último sonando cada vez más fuerte hasta romperle los tímpanos o hasta que oprima stop. Nunca el silencio sonó mejor.

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