martes, abril 7

Kurt Cobain, el último héroe de fuego


El pasado domingo (aunque la fecha exacta jamás podrá ser develada) se conmemoró un año más de la ausencia de Kurt Cobain, vocalista de cierta banda, llamada Nirvana, que por si fuera poco definió el rumbo de la música en la década de los 90's.

Con el Grunge, teniendo a Nirvana como punta de lanza, se da inicio a una década donde sus adolescentes canalizan el desencanto de su generación suicida mediante un punk más evolucionado, con una guitarra distorsionada y estridente como principal protagonista.

Camisas de franela a cuadros y jeans rotos y sucios caracterizan a esta generación, harta ya de la gran maquinaria musical y de los glamorosos y rimbombantes peinados del heavy de los 80's; es ahí que surge la idea de lo independiente, de no venderse al mercado. Los hijos de los hippies son los herederos de ésta época reconociendo que el mundo nunca más será aquél que soñaron sus padres.

De aquellas gloriosas tardes del 94 el único recuerdo nítido que me queda es el de estar hojeando el "periódico de los domingos" y ver una foto pequeñita del Nevermind cuya miserable columna anunciaba el destrono en ventas a Michael Jackson. De ahí nada más. Supongo que he debido estar en una especie de coma o algo así.

Recuerdo que allá por el 2002, cuando la comercialización de la música (léase cyber piratería) no era tan libre ni conocida y las monedas en el bolsillo no me alcanzaban para compras continuas de cd's truchos (ni hablar de originales), la única oportunidad de oír a las bandas clásicas era a través de la radio, mejor dicho de las dos radioemisoras alternativas de ésta ciudad. Esperando que algún locutor hiciera un especial para recordar viejos y desconocidos temas.

Es así que esa noche no sólo oí los clásicos temas del Unplugged y Nevermind, sino también joyas invaluables y hasta entonces desconocidas como: Ben a son, Sliver, Heart shaped box, Rape me entre otras que incendiaron mi fría noche de abril. Escuchar toda esa energía e ira dentro de una canción me dejo sorprendido y también consciente que el camino hacia el Nirvana de Kurt aún me era desconocido.

Hoy ya no hay programas ni locutores nostálgicos, ni los debates interminables sobre si fue suicidio u homicidio o una última lectura a aquella carta de despedida. Sólo queda volverse el locutor de nuestra propia radio y hacer lo mejor posible para que aquél sonido perdure para siempre.

Les dejo de regalo: In Utero, el primero que me compre, el que me hizo destrozar los bancos de mi colegio, el que nunca acabaré de apreciar.


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