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domingo, mayo 25

Ocho





Probando, probando...


-Ocho han sido los meses que este blog ha estado sin actividad.

-Bob Dylan cumplió 73 años.

-Hablando de música, por más que medio mundo se deshaga en elogios, el Reflektor de Arcade Fire es un disco para el olvido.

-Por el contrario, lo nuevo de Beck da para oírlo durante horas y horas los arreglos, la producción, los coros, las guitarras precisas. Horas y horas.

-He vuelto al buen hábito de comprarme una cajetilla de cigarrillos semanalmente.

-Dios bendiga a mis papis y a los cigarrillos Laramie.

-He comprobado que fumar me causa sueño, mi número es de tres por día.

-El fútbol vive tiempos oscuros. El dinero y los planteamientos amarretes están de moda. Lo que ocurre en la Copa Libertadores y en la Liga de Campeones da para mirar el futuro sin muchas expectativas.

-Ya se viene el mundial, como siempre todas mis esperanzas serán puestas en aquellos equipos sin muchas chances de ganar.

-Si todo va bien, me despedirán en mi trabajo justo para el mes de la copa.

-Winter is coming!

-Se me había ocurrido alquilar un caballo e ir montado en él gritando la frasecita esa por toda la ciudad. Completamente en bolas.

-Tengo que tomar clases de equitación.

-Tengo que aprender a soportar el frío en bolas.

-Walter White ha muerto (spoiler spoiler!).

-En honor al buen cocinero, todos deberíamos probar met alguna vez. Azul por favor bitch.

-Paul McCartney está en el hospital. El día que el último beatle deje la tierra deberíamos apagar las luces e irnos. Suicidio en masa. La beatlemania aún perdura.

-Si uno se va de viaje debe llevarse On the road de Jack Kerouac.

-Si uno lee On the road lo único que debe hacer después es viajar.

-Viajar y esperar sorprenderse como la primera vez. Maravillarse con una calle que se parece a la de nuestra ciudad o un rostro del que podría ser nuestro vecino o amigo. Mirar a la gente en movimiento constante: a sus casas, oficinas o una cita. Darse cuenta que en realidad, todos merecemos estar solos en invierno.

-Quiero subirme a un Puma Katari.

miércoles, octubre 17

Sobre los sucesos que vendrán

Esto es lo que sucederá en un par de días. Se acabarán los cigarrillos sabor cherry de mi cajetilla de 10 unidades. En mi trabajo me informarán sobre una nueva  reducción salarial; no protestaré por ello, ya que mi desempeño viene siendo cada vez  más nefasto. Los días siguientes me pedirán que deje de usar audífonos porque no prestaré atención a sus charlas motivacionales. Al regresar  a casa me dormiré en el micro y por primera vez en lo que va del año, despertaré en un barrio muy alejado y sin tener idea de a dónde iba o en qué mes estamos. El gato con el que vivo me hablará durante media hora sobre la necesidad de estabilizarme  económica y socialmente. La charla acabará a los golpes y zarpazos; en parte comprenderé su actitud, pues nunca me perdonó el hecho de que lo haya castrado cuando era muy joven. Le diré que puede meterse la estabilización por donde más le plazca. Se irá de la casa arañando los muebles y las paredes, además de llevarse la hierba.  En una de esas tardes conoceré a una mujer casada mientras amarro mis zapatos. Vendrá en las noches a buscarme, mientras su hijo duerme y su esposo lee comics del Capitán América; seremos ingenuamente felices por 4 días, luego enloquecerá de rabia cuando le cuente la historia de la chica de las gafas, sobre todo porque encontrará los lentes en mi mesa. No le prestaré importancia y empezaré a silbar el himno nacional; en vista de ello  arrojará botellas desde el segundo piso a los transeuntes e intentará suicidarse tomándose algunas capsulas e Paracetamol. El Paracetamol no mata ni a una hormiga, pero tendré que llevarla a un hospital; el gato se negará a ayudarme, pondrá Bon Jovi en la radio, subirá todo el  volumen y cerrará la puerta de su cuarto. En el hospital tendré que decir que se trata de mi prima histérica para que el esposo que lee al Capitán América no sospeche. Nunca sospechará nada. Tendré que tener las luces apagadas por una semana consecutiva, pues ella vendrá a golpear mi puerta. El gato no podrá contener la risa y vomitará de pura felicidad. Dos días después me encontraré con la chica de las gafas, hablaremos sobre historias viejas y el calor infernal del verano. A los cinco minutos desearemos no habernos encontrado y nos despediremos con un apresurado "te llamo para hacer algo". En la noche decidiré ir al stadium a ver Boca-River o su equivalente en este país;  pediré prestado dinero al gato que se comprará un PlayStation 3 y el equipo completo para ser un guitar-cat hero  gracias a su oficio de dealer y al de chulo que tantas alegrías le ha traído. Al subir a las graderías toda la adrenalina se desatará.

lunes, septiembre 3

Sobre los sucesos del anterior martes


El deseo de olvidar. Mis audífonos se averiaron, sólo uno de ellos funcionaba. No quise saber más. Bebí, fumé, miré a todos lados y hablé con cualquiera que estuviera a mí alrededor. Me encontré comiendo hamburguesas dentro de un cajero automático a las cuatro de la madrugada. Luego veo que no tengo tarjeta de crédito y que además odio a ese banco, a todos los bancos. Desperté y casi no podía ver, creyeron que estaba ciego y que lo mejor para mí sería atender una biblioteca; cuando lo que tenía era astigmatismo. Alguien con lentes rechaza mis cigarrillos, pero me lleva a su casa y me dice que duerma un poco. No puedo. Bebo todo el vino que había allí, ese alguien con lentes entonces enciende una grabadora y hace demasiadas preguntas, aunque de vez en cuando también responde algunas de mis inquietudes. Hay registros de audio donde hablo de sexo y de abejas. Mi gato ha desaparecido dos noches seguidas, dicen que está trabajando en un restaurante de pollos a la leña, ya que no tenemos dinero para el alquiler. Ese alguien con lentes llega ahora a mi casa, vuelve a rechazar mis cigarrillos, me reclama por lo sucedido la otra noche; dice que no tenía derecho a tratarla de esa forma, que me tomo demasiadas atribuciones con ella, al final concluye que no hay problemas entre nosotros dos y que deberíamos manejar bicicleta los fines de semana. Vuelvo a trabajar en la biblioteca, esta vez puedo ver a todos los libros en sus estantes, me interesan dos en particular; pero el jefe revisa mi bolso al salir y me es imposible quedarme con ellos. Aprovecho los breves recesos para leerlos o arranco algunas hojas para llevármelas a casa. Una amiga no-lejana me dice que a cierta hora y cierto día pasa un bus con destino al cero absoluto, una oportunidad de borrar los errores pasados. Me pide que le invite mis cigarros si quiero saber más detalles. Obviamente le digo que no, he decidido no compartir nada porque es primavera y creo que todos seremos felices con o sin nicotina en nuestros pulmones. La amiga no-lejana me grita que conoció a un guitarrista que puede decirle exactamente lo que ella necesita oír y que ellos dos abordarán el bus y que nunca más sabré de ellos, o de ella en particular. Conseguí un trabajo donde el requisito indispensable era tener insomnio, esto me permite comprar las revistas que el gato me venía pidiendo desde hace mucho, además de la hierba de la cual se ha hecho adicto. La vida es buena. Una muchacha decide vivir con nosotros, conoce de matemáticas y nos enseña el universo de los números complejos, esto es: un numero natural más un número imaginario. Dibujamos las paredes con las ecuaciones, el gato se pone un mandil que alguna vez fue blanco y se va a trabajar al restaurante. La chica de los números complejos dice que odia el olor a cigarrillo, por lo tanto debo fumar en la ventana mientras leo las hojas que arranqué en la tarde. Los números complejos están por todas partes, el gato ha traído tequilas para celebrar nuestra suerte, pero la fiesta adquiere un tono dramático, rayando en lo patético, me acuerdo repitiendo la frase: "no lo voy a superar, no lo voy a superar". Tengo un sueño donde me encuentro a los muertos que quise y estos se ríen de mí, porque me explican que sólo se fueron de viaje por un tiempo y que ahora volvieron para quedarse conmigo. Despierto en un bus vacío, debe ser ese que va hacia el cero absoluto. Después de todo, no necesité regalar mis cigarrillos para abordarlo.

jueves, diciembre 24

Tres encuentros con Bob Dylan

1.-Abril del 2001

Un periódico local publica la colección de fascículos acerca de la historia del rock.

Los primeros tomos que pude comprar, trataban de The Beatles y el movimiento hippie; estos 2 números se convirtieron a la larga en un evangelio o manual de vida para explicar el modo de ver al mundo, además de servir de viaje hacía la hasta entonces, inexplorada raíz del rock.

El siguiente número de la publicación, precisamente trataba en extenso, de la vida y obra de Bob Dylan. Por distintos azares del destino (en una ocasión tuve el fascículo en mis manos y lo devolví porque no tenía el dinero suficiente) y sobre todo por negligencia, dejé pasar la oportunidad de comprarlo. Para ese entonces, mi universo tenía un solo dios con sus respectivos santos: John Lennon, Janis Joplin y Jim Morrison respectivamente; no había espacio para nadie más.

Este craso error, lo fui llevando como un zapato roto que se abría cada vez más cuando alguien mencionaba el tema. Dylan vendría lentamente a transformarse de simple curiosidad a búsqueda frenética. Cacería



2.-Blonde on Blonde

Decidido a cerrar de una vez por todas el asunto, el 2007 junto a mi primo decidimos explorar el universo Dylaniano, él se compró Blood on the tracks y quedó desilusionado, yo compré Blonde on Blonde y desde ese entonces, ese disco siempre me ha acompañado en jornadas laborales fastidiosas, noches de insomnio y atardeceres de café y lluvia. Imprescindible.

Blonde on Blonde, es el disco número 7 en su carrera y el primero en la historia del rock en ser álbum doble. Este trabajo es la cúspide de la búsqueda de Dylan por ese "sonido delgado y de mercurio salvaje" que rondaba en su mente 2 LP's atrás. Aquí es donde se atraviesan los sonidos del blues, rock, folk acompañados en su interior por la surreal poesía que venía cultivando.

Es en Blonde on Blonde, donde el poeta-trovador se siente trastocado por el caos, sólo queda fascinarse con el resultado

El disco es una vida en 4 lados, que se inicia con aquella marcha lluviosa como es " Rainy Day Women #12 & 35 "; alguna vez se me ocurrió que esta canción debería estar presente en los desfiles cívicos de cualquier ciudad, y mientras la banda fuera acompañada por su alcoholizado ejercito de armónicas, los marchantes tuvieran letreros, unos que digan "They'll stone" y otros que reflejen los distintos momentos en los cuales te puedes sentir apedreado.

El disco se desgaja en canciones de gran factura musical y poética como "One of us must know" "I want you" o la sarcástica "Leopard-Skin Pill-Box Hat";  para luego dar pie a que Bob desenchufe su guitara bajo una luz cenital y acompañado por el humo de un cigarrillo de marihuana, logre armar temas como "Just Like a Woman" o "4th time around" (mi favorita del disco) la canción comienza con un Dylan que hiere delicadamente cada cuerda, como si estuviera tocando un arpa, mientras el sonido de la armónica nace como amanecer de verano "…fue entonces cuando me levanté para irme, pero me dijo, no olvides que todo el mundo ha de pagar algo por lo que ha recibido".

3.- Like a Rolling Stone – The Royal Albert Hall Concert

Reconstruyamos los hechos, en el 66 Dylan se había incendiado a si mismo al cambiar la de palo por una Fender Stratocaster; sus fanáticos folk empezaron a mirarlo con malos ojos y comenzaron a decir que se volvió arrogante, que se dejo crecer el pelo, usaba gafas oscuras y pantalones de cuero, que se fumaba toda la hierba que estuviera a su alcance; que su rostro lucía distraído o a veces cansado. Pero lo cierto es que Dylan estaba en su mejor momento creativo, había dejado de ser un simple mortal, había destruido el tiempo, ya nada existía antes de él.


Pero este ascenso al Olimpo de los dioses, no es simple y llano; así que ponte cómodo en algún asiento del Royal Albert Hall. Dylan está por terminar el concierto; básicamente toda la segunda parte , que era eléctrica, fue acompañada por silbidos y abucheos por parte del público, porque es lo mínimo que se le puede retribuir a ese traidor del folk , a ese que se ha vendido a los vulgares brazos de esa mujer de mirada descarada llamada Mercurio Rock and roll. Así que no te sorprendas que al termino de la penúltima canción del set "Ballad of a thin man", el tipo que está sentado a tu lado, se levante, señale y luego lance un grito que es una daga: "Judas".


Todos lo han oído perfectamente, incluso Bob y los Hawks (posteriormente "The band"), pero el trovador-rocker ha venido mordiendo su fría venganza ; sonríe arrogantemente mientras rasguea su guitarra y replica: "No te creo" "Eres un mentiroso". y luego se vuelve a su banda y los insta a no claudicar, a asestar el golpe mortal con toda la furia de sus guitarras: "Toquen jodidamente fuerte"; es el inicio de Like a Rolling Stone. Las crónicas del concierto diran que el sonido se desbordaba por los asientos y que la batería se encargó de ametrallar a toda la audiencia, mientras Dylan gritaba a voz en cuello "How does it feel?"