miércoles, octubre 17

Sobre los sucesos que vendrán

Esto es lo que sucederá en un par de días. Se acabarán los cigarrillos sabor cherry de mi cajetilla de 10 unidades. En mi trabajo me informarán sobre una nueva  reducción salarial; no protestaré por ello, ya que mi desempeño viene siendo cada vez  más nefasto. Los días siguientes me pedirán que deje de usar audífonos porque no prestaré atención a sus charlas motivacionales. Al regresar  a casa me dormiré en el micro y por primera vez en lo que va del año, despertaré en un barrio muy alejado y sin tener idea de a dónde iba o en qué mes estamos. El gato con el que vivo me hablará durante media hora sobre la necesidad de estabilizarme  económica y socialmente. La charla acabará a los golpes y zarpazos; en parte comprenderé su actitud, pues nunca me perdonó el hecho de que lo haya castrado cuando era muy joven. Le diré que puede meterse la estabilización por donde más le plazca. Se irá de la casa arañando los muebles y las paredes, además de llevarse la hierba.  En una de esas tardes conoceré a una mujer casada mientras amarro mis zapatos. Vendrá en las noches a buscarme, mientras su hijo duerme y su esposo lee comics del Capitán América; seremos ingenuamente felices por 4 días, luego enloquecerá de rabia cuando le cuente la historia de la chica de las gafas, sobre todo porque encontrará los lentes en mi mesa. No le prestaré importancia y empezaré a silbar el himno nacional; en vista de ello  arrojará botellas desde el segundo piso a los transeuntes e intentará suicidarse tomándose algunas capsulas e Paracetamol. El Paracetamol no mata ni a una hormiga, pero tendré que llevarla a un hospital; el gato se negará a ayudarme, pondrá Bon Jovi en la radio, subirá todo el  volumen y cerrará la puerta de su cuarto. En el hospital tendré que decir que se trata de mi prima histérica para que el esposo que lee al Capitán América no sospeche. Nunca sospechará nada. Tendré que tener las luces apagadas por una semana consecutiva, pues ella vendrá a golpear mi puerta. El gato no podrá contener la risa y vomitará de pura felicidad. Dos días después me encontraré con la chica de las gafas, hablaremos sobre historias viejas y el calor infernal del verano. A los cinco minutos desearemos no habernos encontrado y nos despediremos con un apresurado "te llamo para hacer algo". En la noche decidiré ir al stadium a ver Boca-River o su equivalente en este país;  pediré prestado dinero al gato que se comprará un PlayStation 3 y el equipo completo para ser un guitar-cat hero  gracias a su oficio de dealer y al de chulo que tantas alegrías le ha traído. Al subir a las graderías toda la adrenalina se desatará.
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