lunes, febrero 18

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Antes de acostumbrarnos a explicar más fracasos
nos enceraremos en el cuarto
miraremos la tele hasta que nos corten la luz
nos pondremos esa falda que tanto nos gusta
y cuando el espacio esté saturado de todas nuestras palabras
habremos sido invitados a conversar.

No tiene importancia si el asesino le pierde el rastro a la futura víctima
y las faldas respirarán aliviadas;
pronunciaremos su nombre y no aparecerá
patearemos  su puerta y romperemos sus vidrios pero nadie abrirá.
Sólo la vecina, que nos entregará un papelito doblado:
“ella se va en el tren de las diez”


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